La sarcoidosis es una enfermedad en la que se forman acúmulos anormales de células inflamatorias (granulomas) en muchos órganos del cuerpo.
La sarcoidosis aparece por lo general en personas de 20 a 40 años, con mayor frecuencia en personas del norte de Europa o en estadounidenses de ascendencia africana.
Puede afectar a muchos órganos, pero sobre todo afecta a los pulmones.
Los afectados suelen toser y tienen dificultad para respirar, aunque los síntomas pueden variar dependiendo de qué órganos estén afectados.
Para el diagnóstico se requiere una radiografía de tórax y una tomografía computarizada, así como el análisis de una muestra de tejido (biopsia), generalmente de los pulmones.
En la mayoría de las personas, los síntomas acaban desapareciendo sin necesidad de tratamiento.
El tratamiento, cuando es necesario, comienza con corticoesteroides.
Se desconoce la causa de la sarcoidosis. Puede ser consecuencia de una respuesta anormal del sistema inmunitario a una sustancia que se encuentra en el medio ambiente, como el moho o el oídio, o a ciertas bacterias. Los factores genéticos hereditarios también parecen desempeñar un papel. De manera característica, la sarcoidosis aparece entre los 20 y 40 años de edad. La sarcoidosis tiene una distribución mundial, pero es más común entre las personas de ascendencia del norte de Europa, especialmente escandinavos, y estadounidenses de ascendencia africana.
La sarcoidosis se caracteriza por la presencia de grupos de células inflamatorias (granulomas). Es una enfermedad principalmente de los pulmones y los ganglios linfáticos, pero los granulomas también pueden formarse en cualquier otro órgano, incluyendo el hígado, los ojos y la piel y, con menor frecuencia, el bazo, los huesos, las articulaciones, las vías respiratorias superiores (p. ej., senos paranasales), los músculos esqueléticos, los riñones, el corazón, los órganos reproductores, las glándulas salivales y el sistema nervioso. Estos granulomas pueden llegar a desaparecer por completo o convertirse en tejido fibroso.
La sarcoidosis puede manifestarse en forma de determinados síndromes.
Síndrome de Löfgren
El síndrome de Löfgren se manifiesta por 3 síntomas específicos: inflamación aguda de varias articulaciones (artritis) que puede afectar diferentes articulaciones en diferentes momentos, protuberancias rojas o decoloradas y sensibles debajo de la piel (eritema nodoso) y aumento de volumen de los ganglios linfáticos en la zona en la que los pulmones se conectan con el corazón y la tráquea. A menudo causa fiebre y malestar general, inflamación del revestimiento del ojo (uveítis), y, en ocasiones, inflamación de las glándulas parótidas (el par de glándulas salivales que se encuentran justo detrás del ángulo de la mandíbula, debajo y delante de las orejas). Es más frecuente entre las mujeres de ascendencia europea, especialmente escandinava.
El síndrome de Löfgren suele remitir por sí mismo. Pero pueden administrarse fármacos antiinflamatorios no esteroideos para contribuir a aliviar los síntomas y la inflamación.
Síndrome de Heerfordt
El síndrome de Heerfordt (también llamado fiebre uveoparotídea) se manifiesta en forma de inflamación de la glándula parótida (debida a la infiltración por células inflamatorias), inflamación ocular (uveítis), fiebre crónica y, con menor frecuencia, debilidad o parálisis del nervio facial. El síndrome de Heerdordt suele remitir por sí solo. El tratamiento incluye fármacos antiinflamatorios no esteroideos y corticoesteroides.
Síndrome de Blau
El síndrome de Blau, una enfermedad similar a la sarcoidosis, se hereda siguiendo un patrón autosómico dominante. En el síndrome de Blau se desarrollan síntomas antes de los 4 años de edad. Los síntomas suelen incluir artritis, erupción cutánea y uveítis. El síndrome de Blau suele remitir por sí mismo. Los síntomas generalmente se alivian con medicamentos antiinflamatorios no esteroideos.
Síntomas de la sarcoidosis
Muchas personas con sarcoidosis no manifiestan síntomas y el trastorno se detecta cuando se hace una radiografía de tórax por otras razones. Muchos manifiestan síntomas menores que no llegan a empeorar.
Los síntomas de la sarcoidosis varían mucho según el lugar y la extensión de la enfermedad, y también van en función de la edad y el sexo de la persona afectada.
General
En alrededor de un tercio de las personas afectadas por la enfermedad, las primeras manifestaciones pueden ser fiebre, cansancio, dolor torácico indefinido, sensación de estar enfermo (malestar), pérdida de apetito, pérdida de peso y dolor articular. El aumento de tamaño de los ganglios linfáticos es frecuente pero no suele ir acompañado de síntomas. Durante el transcurso de la enfermedad puede haber episodios repetitivos de fiebre y sudoración nocturna.
Pulmones
Los pulmones son los órganos más afectados por la sarcoidosis. En una radiografía de tórax se pueden observar los ganglios linfáticos agrandados en la zona pulmonar próxima al corazón o junto a los lados de la tráquea. La sarcoidosis causa una inflamación pulmonar que finalmente forma cicatrices o quistes. Afortunadamente, son pocas las ocasiones en que se produce la formación progresiva de fibrosis. En algunos casos, el hongo Aspergillus puede instalarse (colonizar) en los quistes pulmonares, proliferar y causar hemorragia. Respirar puede resultar difícil. La afectación grave del pulmón por sarcoidosis puede causar finalmente una sobrecarga del lado derecho del corazón y derivar en insuficiencia cardíaca derecha (cor pulmonale).
Piel
La sarcoidosis afecta con frecuencia a la piel. La sarcoidosis suele comenzar como una erupción con pequeñas tumefacciones sensibles, elevadas y de color rojo (o de coloración inusual), habitualmente sobre las tibias (eritema nodoso), con frecuencia acompañadas de fiebre y dolor articular. La erupción tiende a desaparecer al cabo de 3 a 6 meses, pero puede reaparecer. Es menos frecuente en los estadounidenses de ascendencia africana.
Las lesiones cutáneas frecuentes en la sarcoidosis incluyen protuberancias de pequeño tamaño (llamadas pápulas) y protuberancias más grandes (llamadas nódulos). La sarcoidosis de larga duración puede conducir a la formación de manchas planas, de manchas abultadas (placas), o bien de placas que causan anomalías de coloración de la nariz, las mejillas, los labios y las orejas (lupus pernio). Las placas cutáneas pueden ser más oscuras o más claras que la piel circundante. El lupus pernio es más frecuente en personas de ascendencia africana. Las personas con lupus pernio también pueden desarrollar granulomas en los conductos nasales que causan síntomas similares a los de la sinusitis.
Esta foto muestra protuberancias elevadas de color violeta (nódulos) causadas por eritema nudoso.
Esta foto muestra protuberancias elevadas de color violeta (nódulos) causadas por eritema nudoso.
Foto proporcionada por Thomas Habif, MD.
Esta imagen muestra nódulos cutáneos en una persona con sarcoidosis.
Esta imagen muestra nódulos cutáneos en una persona con sarcoidosis.
Imagen cortesía del Dr. Karen McKoy, MD.
Esta imagen muestra múltiples bultos pequeños y elevados en los labios de una persona con sarcoidosis.
Imagen cortesía del Dr. Karen McKoy, MD.
Esta imagen muestra múltiples bultos pequeños y elevados en los labios de una persona con sarcoidosis.
Imagen cortesía
En esta persona con sarcoidosis pueden observarse zonas en las que se pierde el color de la piel y presencia de nódulos.
Imagen cortesía del Dr. Karen McKoy, MD.
En esta persona con sarcoidosis pueden observarse zonas en las que se pierde el color de la piel y presencia de nódulos
Hígado y bazo
Hasta un 12% de las personas con sarcoidosis tienen granulomas en el hígado. Con frecuencia no presentan síntomas y el hígado parece funcionar normalmente. Sin embargo, los análisis de sangre pueden mostrar datos de afectación hepática incluso en ausencia de síntomas. La coloración amarillenta de la piel y del blanco del ojo (ictericia) provocada por el mal funcionamiento del hígado es poco frecuente.
El bazo aparece aumentado de tamaño en algunas personas. Si existe hipertrofia del bazo, la persona puede sentir dolor en la parte superior del abdomen.
Ojos
Los ojos se ven afectados en el 12% de las personas con sarcoidosis, particularmente en estadounidenses de ascendencia africana y personas de ascendencia japonesa.
La uveítis produce enrojecimiento y dolor en los ojos, lo que afecta a la visión. La inflamación persistente y prolongada logra obstruir el drenaje del líquido interno del ojo, causando glaucoma, lo que puede provocar ceguera. Se pueden formar granulomas en la membrana que cubre el globo ocular y el interior de los párpados (conjuntiva). Dichos granulomas no suelen provocar síntomas, pero la conjuntiva es un punto accesible del cual se pueden tomar muestras de tejido para su análisis. Algunas personas con sarcoidosis se quejan de sequedad, inflamación y enrojecimiento de los ojos, probablemente por la falta de función de unas glándulas lagrimales que, afectadas por el trastorno, no producen lágrimas suficientes para mantener los ojos lubricados.
Corazón
Los granulomas que se forman en el corazón pueden provocar palpitaciones, mareo o insuficiencia cardíaca. También puede desarrollarse una insuficiencia del lado derecho del corazón (llamada cor pulmonale) si los pulmones están gravemente afectados por la sarcoidosis, lo que ocasiona presiones elevadas en la arteria que transporta la sangre desde el corazón hasta los pulmones (hipertensión pulmonar). Los que se forman cerca del sistema de conducción de los estímulos eléctricos del corazón pueden desencadenar unas irregularidades del ritmo cardíaco potencialmente mortales.
Articulaciones, músculos y huesos
La inflamación puede causar un dolor generalizado en las articulaciones. Las más afectadas suelen ser las de las muñecas, codos, rodillas y tobillos. Se forman quistes en los huesos que pueden hacer que las articulaciones cercanas se hinchen y duelan. A veces, se sufre también debilidad muscular.
Sistema nervioso
La sarcoidosis puede afectar a los nervios craneales (nervios situados en la cabeza) y, en consecuencia, causar visión doble (diplopía) o pérdida de capacidad auditiva y parálisis parcial de la cara. Si la hipófisis (glándula pituitaria) o los huesos que la circundan resultan afectados por la sarcoidosis se puede desarrollar una deficiencia de arginina vasopresina. En la deficiencia de argininavasopresina, la hipófisis deja de producir vasopresina, una hormona necesaria para que los riñónes pueda concentrar la orina, lo que conlleva una producción excesiva de orina.
Niveles elevados de calcio
La sarcoidosis también puede aumentar los niveles de calcio en sangre y orina. Los valores elevados se producen porque el granuloma sarcoideo produce vitamina D activada, que mejora la absorción de calcio por parte del intestino. Los valores altos de calcio en la sangre provocan pérdida del apetito, náusea, vómito, sed y micción excesiva. Algunas personas pueden presentar únicamente una concentración elevada de excreción de calcio en la orina a pesar de tener concentraciones normales de calcio en la sangre. Se requiere una muestra de orina de 24 horas para detectar concentraciones elevadas de calcio en la orina. Si persisten durante mucho tiempo, se pueden formar cálculos renales o acumulación de calcio en el riñón, lo que finalmente puede provocar una enfermedad renal crónica.
Diagnóstico de la sarcoidosis
Pruebas de imagen del tórax
Biopsia
Muy a menudo, el médico sospecha la presencia de sarcoidosis al observar sus alteraciones características, como la hipertrofia de los ganglios linfáticos y otros hallazgos anómalos en las radiografías de tórax o la tomografía computarizada (TC).
Para confirmar el diagnóstico se necesitan pruebas complementarias, por lo general el examen microscópico de una muestra de tejido (biopsia) procedente del órgano afectado donde se detecten inflamación y granulomas. La broncoscopia con biopsia por punción guiada por ecografía, con una precisión del 90%, es el mejor procedimiento para las personas cuyos pulmones están comprometidos. Otras fuentes posibles para la toma de muestras de tejido son la piel afectada, los ganglios linfáticos agrandados cerca de la superficie de la piel y los granulomas de la conjuntiva. Por regla general no se practica una biopsia hepática porque los granulomas del hígado pueden tener su origen en otros trastornos y, por tanto, es posible que la biopsia no proporcione un diagnóstico preciso.
A las personas con síntomas relacionados con esos sistemas orgánicos se les puede realizar una resonancia magnética nuclear (RMN) cardíaca, una resonancia magnética del cerebro o la columna vertebral, gammagrafías óseas y electromiografía.
La tuberculosis puede causar muchas alteraciones similares a las causadas por la sarcoidosis. Por lo tanto, se hace necesaria una prueba cutánea de tuberculina (y algunas veces una biopsia pulmonar) para contribuir a determinar si se trata de tuberculosis o de sarcoidosis.
Otro de los métodos eficaces para diagnosticar la sarcoidosis o para evaluar su gravedad es la irrigación de los pulmones (lavado broncoalveolar) y el análisis posterior del líquido obtenido. En caso de sarcoidosis activa, el fluido procedente del lavado broncoalveolar contiene un gran número de linfocitos, pero este hallazgo no es exclusivo de la misma. Otra de las pruebas que se emplea algunas veces es la tomografía por emisión de positrones (positron emission tomography, PET), que puede detectar incluso pequeñas áreas de sarcoidosis que afectan partes del cuerpo distintas de los pulmones.
En los afectados por fibrosis cicatricial pulmonar, las pruebas de función pulmonar muestran que el volumen de aire que los pulmones pueden retener está por debajo de lo normal. Se puede realizar una prueba de marcha de 6 minutos para determinar la gravedad de la afectación pulmonar.
El análisis de sangre puede mostrar un bajo número de glóbulos blancos (leucocitos), glóbulos rojos (eritrocitos) o, con menor frecuencia, plaquetas. Los niveles de inmunoglobulinas son frecuentemente elevados, especialmente en personas de ascendencia africana. Las concentraciones de calcio en la sangre o en la orina pueden ser altas. Las enzimas hepáticas, particularmente la fosfatasa alcalina, pueden presentar niveles elevados si el hígado está afectado.
Tratamiento de la sarcoidosis
Fármacos antiinflamatorios no esteroideos
Corticoesteroides
Otros fármacos que inhiben el sistema inmunitario
La mayoría de las personas con sarcoidosis no requieren tratamiento.
Se pueden administrar fármacos anti-inflamatorios no esteroideos para aliviar síntomas como el dolor o la fiebre.
Los corticoesteroides se administran para suprimir la sarcoidosis que provoca síntomas como dificultad respiratoria, dolor articular o torácico y fiebre. Estos fármacos también se administran cuando
Las pruebas muestran una elevada concentración de calcio en la sangre, incluso a pesar de que los síntomas sean leves.
Existe afectación funcional del corazón, el hígado y el sistema nervioso.
La sarcoidosis causa lesiones cutáneas deformantes o enfermedades oculares que no se curan con corticoesteroides oftálmicos.
La enfermedad pulmonar empeora.
Los corticoesteroides tienden a ralentizar el daño en los tejidos provocado por la sarcoidosis y controlan bien los síntomas, pero no previenen la fibrosis pulmonar indefinidamente. Los corticoesteroides también pueden ayudar a las personas con altos niveles de calcio en la sangre o en la orina.
Las personas con concentraciones elevadas de calcio en la sangre también pueden necesitar consumir una dieta baja en calcio, beber muchos líquidos y minimizar la exposición a la luz solar.
En ocasiones, si los corticoesteroides no son efectivos o causan efectos adversos molestos, se administran otros fármacos que suprimen el sistema inmunitario. Estos fármacos pueden incluir metotrexato, azatioprina, micofenolato, ciclofosfamida, hidroxicloroquina y leflunomida.En ocasiones, si los corticoesteroides no son efectivos o causan efectos adversos molestos, se administran otros fármacos que suprimen el sistema inmunitario. Estos fármacos pueden incluir metotrexato, azatioprina, micofenolato, ciclofosfamida, hidroxicloroquina y leflunomida.
La hidroxicloroquina a veces es útil en el tratamiento de las lesiones cutáneas deformantes, de los niveles elevados de calcio en la sangre, y, en el caso de que existan voluminosos ganglios linfáticos dolorosos o desfigurantes.La hidroxicloroquina a veces es útil en el tratamiento de las lesiones cutáneas deformantes, de los niveles elevados de calcio en la sangre, y, en el caso de que existan voluminosos ganglios linfáticos dolorosos o desfigurantes.
Algunas personas, especialmente aquellas en las que los corticoesteroides y otro fármaco que suprime el sistema inmunitario han resultado ineficaces, reciben tratamiento con infliximab. Las personas que fueron tratadas con éxito con Algunas personas, especialmente aquellas en las que los corticoesteroides y otro fármaco que suprime el sistema inmunitario han resultado ineficaces, reciben tratamiento con infliximab. Las personas que fueron tratadas con éxito coninfliximab, pero que ya no pueden seguir tomándolo a causa de sus efectos adversos, pueden recibir adalimumab., pero que ya no pueden seguir tomándolo a causa de sus efectos adversos, pueden recibir adalimumab.
Si el corazón está afectado la persona puede necesitar un marcapasos o un desfibrilador implantable.
A veces, es necesario realizar un trasplante pulmonar, cardiaco o de hígado si la sarcoidosis ha afectado gravemente a estos órganos, aunque la sarcoidosis puede reaparecer en el órgano trasplantado.
El éxito del tratamiento se puede controlar con radiografías de tórax, TC, pruebas de función pulmonar y mediciones de los niveles de calcio en sangre. Estas pruebas se repiten con regularidad para detectar recidivas después de la interrupción del tratamiento.
Las personas con sarcoidosis pulmonar moderada o grave que reciben tratamiento con medicamentos que deprimen el sistema inmunológico corren un mayor riesgo de contraer infecciones virales graves, como influenza, virus respiratorio sincitial [VRS] y COVID-19, así como neumonía neumocócica. A estas personas con sarcoidosis se les recomienda encarecidamente la vacunación contra estas infecciones, ya que estas vacunas podrían reducir el riesgo de muerte y la gravedad de la enfermedad.
Pronóstico de la sarcoidosis
La sarcoidosis pulmonar mejora o desaparece espontáneamente en casi dos tercios de las personas que la padecen. El aumento de tamaño de los ganglios linfáticos torácicos y la extensa inflamación pulmonar desaparecen en cuestión de pocos meses o años. No obstante, el curso puede ser crónico o progresivo en un porcentaje de casos que puede ascender al 30% de las personas afectadas.
Los pacientes con ganglios linfáticos agrandados en el tórax, pero sin síntomas de enfermedad pulmonar, tienen un pronóstico muy bueno. Las personas con síndrome de Löfgren suelen tener el mejor pronóstico. Alrededor del 5% de las personas afectadas en algún momento por sarcoidosis tienen recaídas.
Entre el 10 y el 20% de las personas con sarcoidosis desarrollan discapacidades graves debidas a las lesiones oculares, del aparato respiratorio o de otras partes del organismo. La sarcoidosis ocasiona la muerte en menos del 10% de las personas afectadas. Las causas más comunes de muerte son la enfermedad pulmonar grave seguida por una afectación grave del corazón.



